La sarcopenia se define como un síndrome geriátrico, es la pérdida de masa, potencia y fuerza muscular. Proviene del griego (“sarx” carne y “penia” perdida) y ocurre durante el envejecimiento (degenerativa) o en personas con una vida sedentaria.

Una de las consecuencias de la sarcopenia, es que al padecerla se incrementa el riesgo a caídas, fracturas y pérdida de la capacidad funcional. De las fracturas de más alto riesgo en ancianos es la «Fractura del cuello del fémur» en la cual se compromete como función la marcha y es necesaria un reemplazo total de cadera (Prótesis de cadera).

A su vez, la Sarcopenia causa en el anciano mayor dependencia funcional y discapacidad y que con el tiempo será cada vez más dependiente.

En la actualidad, un 7 a 15 % del adulto mayor entre 65 y 70 años presentan sarcopenia, además es una realidad que un 20 a 52 % de la población la padece a partir de los 80 años de edad.

¿Qué causa la Sarcopenia?

En primer lugar, hay que aclarar que aunque es una enfermedad común en ancianos o personas de la tercera edad, también puede surgir en adultos más jóvenes, al igual que la osteoporosis y la demencia senil.

Para conocer las causas de la sarcopenia, es fundamental conocer una serie de factores importantes que influyen en ella y que exponemos a continuación:

– Factores genéticos: Se saben que este tipo de factores tienen una influencia clara en la sarcopenia. Sin embargo, actualmente siguen sin ser bien conocidos.

– Factores del sistema nervioso central: a medida que una persona envejece pierde de forma progresiva unidades motoras de la médula espinal, y esto causa atrofia muscular.

– Factores musculares: el paso de los años provoca una disminución de la fuerza muscular que pueden desarrollar las fibras musculares (calidad muscular) y una reducción del número de células musculares (masa muscular).

– Déficit hormonal: el déficit de hormonas sexuales (testosterona, estrógenos) que tiene lugar con el envejecimiento tiene un gran impacto sobre los músculos y los huesos, contribuyendo así a la aparición de sarcopenia. Por otro lado, el déficit de hormona de crecimiento también está directamente implicado en el desarrollo de esta enfermedad.

– Pérdida de peso: la disminución de peso en los ancianos aumenta el riesgo de desarrollar sarcopenia, ya que cuando un anciano pierde peso lo hace en forma de masa muscular más que de tejido graso.

Factores de estilo de vida: la ausencia de actividad física y el sedentarismo aumentan la probabilidad de tener más grasa corporal y menor masa muscular, sobre todo en mujeres. Por tanto, lo más aconsejable es llevar una vida activa para que el riesgo de desarrollar sarcopenia sea menor.

Consecuencias de la Sarcopenia 

– Discapacidad y dependencia:

– Caídas y fracturas:

– Aumento de la mortalidad y de la necesidad de ingresar en centros especializados:

– Mayor posibilidad de desarrollar otras enfermedades:

– Alteración para regular la temperatura corporal:

¿Cómo prevenir la Sarcopenia?

La Fisioterapia como profesión que actúa en el área de geriatría es sin duda la mejor opción para los pacientes con esta patología.

Existen muchos tratamientos para la sarcopenia con estudios que demuestran su eficacia, como son:

– Tratamientos con hormonas

– Tratamiento nutricional 

– Tratamiento de ejercicio físico de resistencia.

Por otro lado, estudios científicos han demostrado que la mejor manera para prevenir la sarcopenia es la actividad física:

– Ejercicios resistidos de potenciación y fuerza muscular. Está demostrado que ejercicios con bandas elásticas 2 a 3 veces por semana durante 10 semanas han incrementado masa y potencia muscular en los ancianos y adultos mayores (+65).

Sin embargo, los ejercicios que se han demostrado más eficaces son:

Los de alta intensidad (el 70-80% de la capacidad máxima)

Esté aumento de Fuerza, potencia y resistencia muscular es fundamental para actividades de la vida diaria (Funcionales) como son subir y bajar escaleras, mejor calidad y velocidad de la marcha, mayor independencia incluso sin aditamentos (bastón o andadera).

A su vez, es importante destacar que el ejercicio físico debe ir acompañado de una ingesta proteica suficiente, que la población anciana con frecuencia consuma menos proteínas que la ingesta diaria recomendada para los adultos (0,8 g proteína/kg de peso/día).