En nuestro país existen más de 16 millones de personas alérgicas, de las cuales la mitad lo son al polen. Una cifra que crece año tras año, en parte, debido a los factores ambientales como la contaminación y la famosa teoría de la higiene (vacunas, consumo de antibióticos y alimentación esterilizada).

Esta última, está en el punto de mira. Muchos médicos la apuntan como causante de que la falta de exposición a gérmenes de los primeros meses de vida impida que se desarrolle inmunidad ante estos.

Ante estas afirmaciones, parece que la respuesta a la pregunta “¿nacemos alérgicos o nos hacemos alérgicos?” podría ser clara. Es cierto que muchos estudios afirman que hay un componente genético y que los factores medioambientales a los que se expone la madre durante el embarazo puede condicionar la predisposición a desarrollar alergias, pero muchos doctores aseguran que es necesario exponerse previamente a los pólenes frente a los que el organismo reacciona produciendo un tipo de anticuerpos.

Las vacunas, ¿pueden curar la alergia?

Los alergólogos parecen estar de acuerdo en una cuestión: estas se presentan como el único tratamiento para controlar la alergia, aunque los resultados no se vean de la noche a la mañana. De hecho, las mejoras considerables se dan a partir de segundo y tercer año. ¿Qué significa esto?

Lo cierto es que este es otro punto en que la opinión de los alergólogos también difiere. Mientras que uno apuntas a que “el alérgico lo será toda la vida a pesar de que la vacuna funcione durante varios años” otros apuntan a que la alergia se puede llegar a curar.

Sin duda, un terreno en el que aún queda mucho campo de estudio.