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Tratamientos actuales contra el Alzhéimer

El Alzheimer es una enfermedad que degenera las conexiones neuronales de manera progresiva, de tal gravedad, que no existe actualmente ningún tratamiento capaz de curarla. Hasta que llegue ese esperado momento en el que se encuentre una cura, lo que actualmente sí existe son tratamientos para hacer más lento ese avance. Para poder entender qué tipo de tratamientos podemos utilizar con enfermos debemos distinguir entre lo que es un tratamiento curativo y un tratamiento sintomático:

– Un tratamiento curativo es aquel que devuelve al individuo al estado que presentaba antes del inicio de la enfermedad. El ejemplo clásico son los antibióticos para las infecciones.

– Un tratamiento sintomático es aquel que alivia los síntomas o incluso los hace desaparecer aunque la enfermedad siga ahí. Un ejemplo sería los antiinflamatorios para el dolor de la artrosis de rodilla.

Teniendo clara esta distinción podemos afirmar que lo único que existe son fármacos y tratamientos no farmacológicos que ayudan a hacer más lento el avance de la enfermedad, pero sin ser capaces de revertirla.

 Fármacos contra el Alzheimer

1. Inhibidores de la acetilcolinesterasa (IACE) 

Indicado en fase leve o grave moderada.

Diseñados para regular y controlar los síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Las personas que sufren esta enfermedad tienen niveles bajos de acetilcolina, un químico importante del cerebro involucrado en la comunicación entre las neuronas. Los inhibidores de la colinesterasa retardan la degradación metabólica de la acetilcolina y proporciona una fuente adicional de este componente químico para la comunicación entre las células. Esto ayuda a retrasar la progresión del deterioro cognitivo y puede ser efectivo para algunos pacientes entre la primera fase e intermedia de la enfermedad de Alzheimer.

Se desarrollaron como tratamiento después de descubrir que existía un déficit del funcionamiento de una sustancia llamada acetilcolina y eso provocaba un deterioro del funcionamiento cognitivo de los pacientes con Alzheimer. Se ha demostrado que este tipo de fármacos tienen el potencial de mejorar levemente la cognición, el funcionamiento diario y la conducta en los pacientes con EA en grado leve o moderadamente grave durante períodos de tiempo entre 6 y 18 meses.  Existen 4 tipos de fármacos aprobados con IACE: Razadine ®, Exelon®, Aricept® y  Cognex®.

Entre los posibles efectos adversos relacionados al consumo de estos fármacos están:

Náusea, diarrea, aumento en la frecuencia de las deposiciones, vómito, debilidad muscular, pérdida de apetito, pérdida de peso, mareo, somnolencia y malestar estomacal, calambres musculares, dificultad para dormir.

2. Memantina

Indicado en fase leve o grave moderada.

Algunos medicamentos, conocidos como inhibidores de glutamato, protegen las células del cerebro mediante la regulación de un químico vinculado con la comunicación neuronal, llamado glutamato, que se libera en grandes cantidades por las células dañadas con el Alzheimer. El glutamato esta normalmente involucrado con el aprendizaje y la memoria, pero cuando se libera en exceso por las células dañadas, se adhiere a “puntos de enganche” llamados receptores N-methyl-D-aspartato (NMDA) que a su vez aceleran el daño celular. En la actualidad existe un inhibidor de glutamato aprobado por la FDA.

Supone el otro grupo farmacológico para mitigar los síntomas del Alzheimer y  actúa sobre el funcionamiento de una sustancia llamada glutamato. En los pacientes en fase moderada a grave, la Memantina mejora el déficit cognitivo, el funcionamiento en las actividades de la vida diaria y la conducta. A nivel cognitivo, se observa un aumento significativo del número de pacientes que mejoran en áreas del lenguaje, memoria y habilidades motoras. A su vez, también se ha visto una mejoría a nivel de conducta tanto en agitación como agresividad.

3. Namenda®

Es actualmente el único inhibidor de glutamato  que se comercializa. Aparentemente protege las células nerviosas del cerebro de las cantidades excesivas de glutamato, un mensajero químico liberado en grandes cantidades por las células dañadas por la enfermedad de Alzheimer (y algunos otros trastornos neurológicos).

Entre los posibles efectos adversos relacionados al consumo de este fármaco están:

Dolor de espalda, estreñimiento, diarrea, mareos, somnolencia, dolor de cabeza, dolor y aumento de peso, presión arterial alta (hipertensión) y gripe.

¿Cuándo dejar de medicar a un paciente de Alzheimer?

Un tema controvertido es cuándo retirar los fármacos para el Alzheimer a lo largo de la evolución de la enfermedad. La respuesta es complicada en fases muy severas, tanto para la memantina como para los IACE. Principalmente, se recomienda detener el tratamiento con estos fármacos cuando el paciente deja de beneficiarse de su uso, pero esto es algo difícil de determinar en los individuos con EA avanzada, ya que los pacientes difícilmente entablan relación con sus familiares o cuidadores. Si no se aprecian efectos adversos, puede valorarse cuidadosamente y de forma individualizada su retirada. En esta situación se debe pensar cada caso de forma independiente, no existiendo guías de consenso de actuación.

Tratamientos no farmacológicos

Actualmente existen terapias alternativas para ofrecer al enfermo en un estado leve, recursos y estrategias para ralentizar la evolución de la enfermedad. Estas terapias, que suelen darse en grupo, ofrecen psico- estimulación para aquellos pacientes con un deterioro cognitivo leve. Se suele realizar una evaluación inicial, en la que también participan los familiares, a fin de tener claro el escenario en el que está inmerso el paciente.

Los objetivos que se marcan este tipo de terapias son mejorar la calidad de vida del enfermo y el cuidador, retrasar los síntomas de la enfermedad, minimizar la pérdida de facultades cognitivas como el lenguaje, la memoria, la atención o el razonamiento.

En general este tipo de terapias, si bien, no curan la enfermedad, pueden ayudar a alargar la autonomía del paciente o a retrasar su ingreso en una residencia.

También existen tratamientos alternativos con células madres, que consisten en la inserción al organismo de células jóvenes y sanas, las cuales se dirigen hacia las células que han perdido su funcionalidad, regenerándolas e imprimiéndoles vigor.

Aunque este tipo de tratamiento puede aportar una mayor vitalidad a corto plazo al enfermo, la realidad es que no puede detener la progresiva erosión de las células dañadas y el consiguiente deterioro de la salud física y mental del paciente.

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2019-03-07T17:28:59+00:00